Adolescencia: una serie que alarma más de lo que explica
septiembre 29, 2025
Adolescencia: una serie que alarma más de lo que explica

Netflix ha presentado Adolescencia, una miniserie que ha generado gran interés y debate, pero cuya lectura, desde un enfoque de comprensión de los jóvenes y de su contexto, revela múltiples fallos graves. La serie parte de un hecho extremo: un chico de trece años asesina con brutalidad a una compañera de clase. A partir de este acto, se construye un relato que pretende mostrar la adolescencia contemporánea, pero que en realidad simplifica, exagera y convierte el miedo adulto en espectáculo.

Lejos de ofrecer una reflexión profunda sobre la juventud, la serie propone una narrativa alarmista: el adolescente violento aparece como un ser incomprensible, producto de influencias externas y de la vulnerabilidad familiar, reduciendo la complejidad de la vida interior de un joven a un único acto terrible.


La violencia como espectáculo

Uno de los problemas más evidentes es que la serie confunde el acto violento con la identidad del joven. El protagonista queda definido por su crimen, y no se le concede espacio para mostrar dudas, contradicciones o emociones complejas. Su comportamiento, incluso su capacidad de planificación y frialdad, hace que resulte más creíble pensar que es mayor de lo que realmente es, acentuando la sensación de alarma.

La víctima, por su parte, desaparece como sujeto. Solo sabemos que era “una buena amiga”. Su vida, sus sueños y el dolor de su familia no se muestran. Esta invisibilización convierte el crimen en espectáculo, transformando el sufrimiento en un objeto de consumo emocional para el espectador, mientras se ignoran las consecuencias reales de la violencia.


Adultos presentados como impotentes

Otro rasgo problemático de la serie es la representación de los adultos. Los padres se muestran desbordados, incapaces de comprender lo que sucede con su hijo, y los docentes aparecen desorientados. Incluso la psicóloga es presentada como excesivamente comprensiva, con gestos que rozan la condescendencia, como llevar comida al joven. La madre tiene un papel casi inexistente.

Esta narrativa transmite un mensaje implícito: los adultos no tienen responsabilidad ni capacidad de intervención. Se refuerza así un miedo muy extendido entre padres y madres: la idea de que sus hijos son un enigma peligroso que puede actuar de manera imprevista y dañina. La serie invita a identificarse con los adultos asustados, en lugar de ofrecer herramientas de comprensión o reflexión sobre cómo acompañar a los jóvenes.


Factores de riesgo simplificados

La serie introduce ciertos factores que pueden influir en la violencia juvenil:

  • Falta de comunicación familiar

  • Vulnerabilidad emocional del adolescente

  • Influencia de contenidos en internet y redes sociales, incluida la promoción de mensajes de odio hacia las mujeres

  • Ausencia de límites claros en la escuela

Sin embargo, la narrativa los presenta de manera lineal y sensacionalista, sugiriendo que cualquier joven expuesto a estos factores podría comportarse como el protagonista. Esto es engañoso y peligroso. La violencia extrema no surge automáticamente de estas condiciones; cada joven es singular, y la combinación de influencias externas y vulnerabilidad interna no determina un destino inevitable. La serie simplifica la clínica de la violencia, ofreciendo un mensaje alarmista que confunde correlación con causalidad.


El adolescente como amenaza

El título de la serie, Adolescencia, en singular, refuerza la idea de que todos los jóvenes podrían ser peligrosos. En la pantalla, casi ningún adolescente sale bien parado: están el asesino, quienes lo ayudan, la víctima, la joven que se burlaba de él, otros acosadores y los acosados. La pluralidad y la singularidad de las trayectorias adolescentes se borran.

Esto genera un efecto social negativo: los adultos pueden generalizar, temer y desconfiar de todos los jóvenes, alimentando prejuicios y dificultades para establecer vínculos de confianza y acompañamiento. La adolescencia real es diversa, compleja y llena de matices; reducirla a un conjunto de amenazas refuerza la alarma en lugar de la comprensión.


La función de los adultos y la transmisión de límites

En la serie, los adultos son casi siempre víctimas del mal comportamiento del joven. No se muestra que tengan una función activa de acompañamiento, mediación o establecimiento de límites. La única escena que toca una dimensión más real es cuando el protagonista decide confesar, en contra de la voluntad de su padre: un gesto que refleja la toma de responsabilidad y la posibilidad de rectificación.

En la vida real, el papel de los adultos es crucial para que los jóvenes puedan procesar sus emociones, aprender a diferenciar entre lo correcto e incorrecto y manejar sus impulsos. Mostrar a los adultos como impotentes no solo empobrece la narrativa, sino que transmite un mensaje de alarma y desamparo social, como si la adolescencia fuera un fenómeno incontrolable.


Consecuencias del enfoque sensacionalista

La serie tiene varios efectos nocivos potenciales:

  1. Reduce al joven a su acto violento, borrando su historia, sus emociones y su singularidad.
  2. Invisibiliza a la víctima y banaliza el sufrimiento de quienes quedan atrás.
  3. Exime a los adultos de su papel de acompañamiento y guía, reforzando fantasmas de impotencia parental.
  4. Homogeneiza la adolescencia, asociándola con todo lo negativo.
  5. Presenta factores de riesgo como causas directas de comportamiento psicopático, ignorando la complejidad individual y clínica.
  6. Alimenta la alarma sobre la influencia de las redes sociales, sin ofrecer análisis equilibrados ni pautas de acompañamiento.

Estos efectos contribuyen a crear un discurso social que simplifica la comprensión de la adolescencia y refuerza el miedo a los jóvenes, en lugar de favorecer la reflexión, la prevención y el acompañamiento.


La singularidad de cada joven

La adolescencia es un tiempo de búsqueda, de conflicto y de descubrimiento. Cada joven atraviesa esta etapa con sus propias dudas, heridas, recursos y errores. Reducir esta complejidad a un patrón de violencia inevitable es injusto y peligroso.

El comportamiento de un adolescente no puede explicarse únicamente por la influencia de internet, la falta de comunicación familiar o la ausencia de autoridad escolar. La violencia extrema es rara y surge de combinaciones complejas de historia personal, biografía emocional y factores externos; no puede preverse ni generalizarse. La serie ignora esta realidad, sacrificando la fidelidad a la experiencia juvenil por el impacto emocional en los espectadores.


Reflexión sobre el miedo adulto

Más allá de lo que ocurre en la pantalla, Adolescencia revela los miedos de los adultos: la sensación de que sus hijos son desconocidos, peligrosos y ajenos a la supervisión. La serie juega con este temor, generando identificación con los padres y espectadores adultos, reforzando la idea de que cualquier joven puede convertirse de repente en un agresor.

El resultado es un círculo vicioso: los adultos temen a los jóvenes, se distancian de ellos y les niegan la posibilidad de diálogo y acompañamiento, mientras la sociedad amplifica la alarma sin fomentar comprensión ni prevención.


Violencia, responsabilidad y aprendizaje

En la serie, la violencia aparece como un acto aislado, desconectado de procesos internos complejos y de la responsabilidad ética del joven. La única señal de conciencia se da cuando decide confesar; sin embargo, este gesto no se desarrolla ni se analiza en profundidad.

En la vida real, diferenciar entre lo que un joven hace y quién es permite sancionar sus actos sin destruir su posibilidad de aprendizaje y transformación. Mezclar sujeto y acto, como hace la serie, puede conducir a extremos: sanciones punitivas desproporcionadas o, al contrario, banalización de la violencia. Ninguno de estos caminos contribuye a la educación ni al acompañamiento emocional.


La serie frente a la adolescencia real

La verdadera adolescencia es un tiempo de desarrollo, incertidumbre y búsqueda de identidad. Implica explorar límites, probar relaciones, experimentar emociones y aprender a regular impulsos. Los jóvenes requieren interlocutores capaces de escuchar, orientar y poner límites.

Adolescencia falla al presentar una visión única y simplista: un adolescente violento, incomprensible, y adultos impotentes que solo reaccionan al horror. La serie no enseña ni ayuda a reflexionar sobre cómo prevenir riesgos, acompañar emociones o comprender la complejidad juvenil. En cambio, refuerza la alarma y la percepción de amenaza, construyendo un producto consumible, emocionante, pero clínicamente vacío y socialmente problemático.


Conclusión

Adolescencia es una serie bien producida, con momentos de tensión y un relato que engancha. Sin embargo, desde la perspectiva del acompañamiento a jóvenes, la comprensión de la violencia y la educación emocional, se trata de un producto tóxico y simplista. Reduce al adolescente a su peor acto, borra a la víctima, exime a los adultos de su responsabilidad y convierte el miedo en espectáculo.

El problema no es ver la serie; el problema es aceptar su narrativa como real o representativa de la adolescencia. Cada joven es único, cada situación es compleja, y la violencia extrema no surge automáticamente de factores familiares, escolares o digitales. La comprensión de los adolescentes requiere escucha, acompañamiento, límites claros y reconocimiento de su singularidad: nada de esto se transmite en Adolescencia.

Al final, la serie muestra más el miedo de los adultos que la realidad juvenil. Los verdaderos desafíos de la adolescencia—transmitir valores, acompañar emociones y establecer límites—quedan ausentes, reemplazados por un espectáculo sensacionalista que prioriza el morbo sobre la comprensión, la alarma sobre la prevención y la ficción sobre la vida real de los jóvenes.


Referencias bibliográficas

  • Ubieto, J. R. (2024). Adolescentes del siglo XXI. Del frenesí al vértigo: ¿Cómo acompañarlos?. Barcelona: Editorial UOC.

  • Miller, J.-A. (2006). Introducción a la clínica lacaniana. Buenos Aires: Paidós.

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Arnan Castelló

¡Hola! Me llamo Arnan Castelló y soy Psicólogo Sanitario y Psicoanalista, también con formación en psicoterapia clínica y terapia de pareja y familia, especializado en paternidad, maternidad y crianza, sexualidad, adolescencia, drogodependencias y conductas adictivas

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