¿Somos responsables si existe el inconsciente?
marzo 05, 2026
¿Somos responsables si existe el inconsciente?

Que hoy aceptemos que existe algo inconsciente en nosotros —algo que influye en nuestros actos, elecciones y relaciones sin que lo sepamos del todo— no significa que seamos marionetas movidas por fuerzas oscuras.

A veces se caricaturiza el psicoanálisis como si afirmara que el ser humano es un simple juguete de su pasado, de sus padres o de sus traumas. Si eso fuera así, nadie sería responsable de nada. Todo podría justificarse apelando a “mi inconsciente”, a “mi historia” o a “lo que me hicieron”.

Pero esa no es la conclusión a la que conduce el psicoanálisis.

Reconocer que no somos completamente transparentes para nosotros mismos no elimina la responsabilidad. La redefine.

No elegimos cómo empezamos, pero sí cómo respondemos

Ninguno de nosotros elige:

  • la familia en la que nace,
  • las expectativas que pesan sobre él,
  • las palabras que lo marcaron en la infancia,
  • las experiencias que lo hirieron o lo fortalecieron.

Tampoco elegimos nuestra estructura emocional básica ni ciertas inclinaciones profundas que parecen repetirse a lo largo de la vida.

Todo eso nos precede.

Sin embargo, hay algo decisivo: siempre respondemos de algún modo a aquello que nos ha tocado vivir.

Dos personas pueden haber pasado por circunstancias similares y, sin embargo, construir destinos muy distintos. No porque una haya tenido más suerte, sino porque cada una ocupa una posición diferente frente a lo que le ocurrió.

Esa posición —esa manera de situarse ante la propia historia— es el núcleo de la responsabilidad.

Responsabilidad no es culpa

Cuando hablamos de responsabilidad no estamos hablando de culpa moral.

No se trata de acusar a nadie por haber sufrido, ni de exigir heroísmos imposibles.

Responsabilidad significa algo más sobrio:
hacerse cargo de la manera en que uno vive lo que le ha sucedido.

Hay quien se instala permanentemente en el papel de víctima.
Hay quien convierte su sufrimiento en identidad.
Hay quien repite una y otra vez el mismo tipo de relación dañina.
Hay quien logra, poco a poco, modificar la forma en que se vincula con su dolor.

Las circunstancias pueden no depender de nosotros.
La forma en que nos colocamos frente a ellas, sí.

El deseo de los padres no es una condena

Es cierto que los padres influyen profundamente. Sus expectativas, sus silencios, sus frustraciones y sus ideales dejan huella.

Pero no estamos condenados a ser la simple prolongación de sus deseos.

Cada persona termina dando una respuesta singular a lo que recibió. Algunos viven intentando cumplir lo que se esperaba de ellos. Otros se rebelan sistemáticamente. Otros encuentran una vía propia.

Incluso cuando alguien parece atrapado en una repetición dolorosa, hay una forma particular de sostener esa repetición. Y ahí ya hay implicación.

La libertad no es absoluta, pero tampoco inexistente

No somos completamente libres.
Pero tampoco estamos completamente determinados.

La libertad humana no consiste en empezar desde cero ni en ser dueños absolutos de nuestra vida. Consiste en poder modificar, en algún grado, la posición que ocupamos frente a lo que nos determina.

Ese margen puede ser pequeño. A veces muy pequeño. Pero existe.

Y es en ese margen donde se juega la responsabilidad, porque es una cuestión decisiva.

Incluso en el sufrimiento más grave

Hay situaciones extremas: trastornos graves, experiencias psicóticas, síntomas muy invasivos. El hecho de que exista una base biológica, traumática o estructural no elimina la dimensión subjetiva.

Una persona puede no haber elegido su condición, pero siempre tiene que encontrar una manera de vivir con ella.

Esa manera —más rígida o más creativa, más destructiva o más estabilizadora— marca una diferencia esencial.

La responsabilidad aquí no es jurídica ni moral. Es existencial: nadie puede vivir por nosotros la relación con lo que nos pasa.

¿Qué implica esto en la práctica?

Implica dejar de buscar una coartada total en el pasado.

Implica dejar de pensar que “yo soy así y no puedo hacer nada”.

Implica preguntarse:

  • ¿Cómo participo yo en lo que me hace sufrir?
  • ¿Qué repito sin darme cuenta?
  • ¿Qué gano, aunque me perjudique, manteniendo esta situación?
  • ¿Qué cambiaría si dejara de colocarme siempre en el mismo lugar?

El trabajo terapéutico no consiste en borrar el pasado ni en prometer una libertad absoluta. Consiste en producir un desplazamiento: cambiar la posición desde la cual uno se vive a sí mismo, a los demás y a su historia.

Por eso la responsabilidad no desaparece cuando reconocemos el peso del inconsciente. Al contrario: empieza ahí. Por que asumirla significa y conlleva dejar de ser únicamente efecto y empezar a ser, al menos en parte, respuesta.

Y es precisamente en esa respuesta donde se abre la posibilidad real de cambio, mejora y sanación.

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Arnan Castelló

¡Hola! Me llamo Arnan Castelló y soy Psicólogo Sanitario y Psicoanalista, también con formación en psicoterapia clínica y terapia de pareja y familia, especializado en paternidad, maternidad y crianza, sexualidad, adolescencia, drogodependencias y conductas adictivas

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