La bajamar
octubre 15, 2025
La bajamar

Al abrir La bajamar, no nos recibe un relato grandilocuente ni una sucesión de acontecimientos extraordinarios. Desde la primera página se percibe, más bien, la densidad de lo cotidiano: ese territorio donde se acumulan los secretos, los silencios y las emociones no resueltas. Aroa Moreno Durán construye un universo donde la memoria y la culpa se comportan como mareas que avanzan y retroceden, arrastrando a los personajes y revelando cómo el pasado continúa moldeando la vida presente, incluso cuando intentamos ignorarlo.

La novela se adentra en la historia de tres generaciones de mujeres —Mara, Inés y Amalia— unidas por una herencia emocional que las atraviesa como una corriente subterránea. Cada una ha conocido, a su manera, la ausencia, la huida y la violencia sutil de los vínculos familiares. La bajamar no es solo un título poético: funciona como una metáfora del tiempo emocional, de esos recuerdos que emergen con el paso de los años, obligando a quienes los viven a enfrentarse con lo que creían haber dejado atrás.

Moreno Durán maneja con precisión este tiempo líquido, alternando la evocación y la observación minuciosa, de modo que la lectura se experimenta tanto con la mente como con el cuerpo. Lo que importa no es tanto lo que ocurre, sino cómo se siente lo que ocurre, cómo la memoria fragmentaria y los afectos reprimidos moldean la identidad. En este sentido, la autora explora con sutileza la culpa: no como castigo moral, sino como una forma de pertenencia, una corriente invisible que conecta a las mujeres de la familia incluso en sus silencios.

La escritora despliega una atención especial a la corporalidad del sufrimiento. La bajamar no se manifiesta solo en los recuerdos, sino en los cuerpos que tiemblan, se cierran o sostienen a duras penas. Un gesto de cuidado puede ser también un intento de reparación; un silencio, una forma de amor imposible. La novela se detiene en las secuelas más que en los hechos, en lo que queda después de la tormenta, allí donde la vida cotidiana se convierte en el verdadero escenario del duelo y la reconciliación.

La construcción de los personajes es notable por su hondura y ambigüedad. Nadie es completamente víctima ni completamente culpable. Moreno Durán logra que el lector sienta que cada gesto humano está tejido por la mezcla irreductible de amor, miedo, deseo y resentimiento. Esa ambigüedad moral no resta empatía: la potencia de la novela reside justamente en mostrar cómo los vínculos familiares —especialmente entre madres e hijas— pueden ser a la vez el origen del daño y el lugar de su posible reparación.

El lenguaje es preciso, contenido y poético, con un ritmo que acompaña las oscilaciones de la memoria. Cada frase parece medir el peso del recuerdo, cada pausa abre un espacio para lo no dicho. Hay en la escritura del texto una musicalidad discreta que imita el vaivén de las olas: la calma y el oleaje, el repliegue y la revelación. La autora sabe que en literatura —como en la vida— lo esencial suele permanecer bajo la superficie.

Desde una mirada psicológica, La bajamar puede leerse como un estudio sobre la transmisión del dolor y la construcción del yo. El pasado no desaparece: se transforma, se encarna, se repite o se repara. La memoria actúa como una corriente subterránea que puede arrastrarnos o enseñarnos a sostenernos en la fragilidad. En este sentido, la novela ofrece una reflexión profunda sobre cómo se heredan los afectos y los traumas, y sobre la posibilidad —siempre incierta— de transformar esa herencia en una forma de conciencia.

En última instancia, La bajamar es una obra sobre la búsqueda de sentido en medio del dolor, sobre la dificultad de reconciliarse con lo que nos ha hecho ser quienes somos. Aroa Moreno Durán invita a una lectura atenta y sensible: su escritura no pretende ofrecer consuelo, sino mostrar la belleza que puede surgir cuando aceptamos mirar lo que permanece sumergido.
La vida, parece decirnos, no se edifica sobre la ausencia de errores, sino sobre la manera en que aprendemos a habitarlos, a reconocer en sus restos la posibilidad de volver a emerger.

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Arnan Castelló

¡Hola! Me llamo Arnan Castelló y soy Psicólogo Sanitario y Psicoanalista, también con formación en psicoterapia clínica y terapia de pareja y familia, especializado en paternidad, maternidad y crianza, sexualidad, adolescencia, drogodependencias y conductas adictivas

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