La familia desempeña un papel crucial a la hora de prevenir comportamientos de riesgo en hijos e hijas. Disponer de información, herramientas y estrategias permite actuar de manera temprana para evitar consecuencias negativas asociadas al uso excesivo de juegos de apuestas o videojuegos. Esta guía ofrece pautas para prevenir, identificar señales de alerta y actuar de manera efectiva.
Juegos de apuestas, ¿qué son y cómo funcionan?
Los juegos de apuestas son actividades en las que se arriesgan dinero u otros bienes, y cuyos resultados dependen del azar. Se consideran apuestas cuando cumplen estas condiciones:
- Se arriesga dinero u objetos de valor.
- El resultado depende principalmente de la suerte, no de la habilidad.
- Existe la posibilidad de obtener premios, en dinero o bienes.
Tipos más frecuentes:
- Apuestas deportivas.
- Juegos de casino (ruleta, póker, máquinas tragaperras).
- Juegos de cartas con apuestas.
- Apuestas en eSports o carreras.
- Loterías, bingos y apuestas de pronósticos deportivos.
Entre adolescentes, los juegos más comunes en línea son las apuestas deportivas (sobre todo en chicos) y juegos de casino o máquinas tragaperras (más frecuentes en chicas). En los juegos presenciales, la lotería y los bingos predominan, especialmente entre los chicos.
Es importante comprender que, aunque algunos juegos parezcan requerir habilidad (como el póker o ciertas apuestas deportivas), el factor determinante sigue siendo el azar.
Riesgo de adicción
Estos juegos están diseñados para ser atractivos y fáciles de acceder, lo que aumenta su potencial adictivo. Algunas características que favorecen la repetición y la dependencia son:
- Acceso rápido y sencillo, tanto presencial como en línea.
- Diversidad de juegos y modalidades.
- Recompensas inmediatas tras cada jugada.
- Bajo coste por participación.
- La sensación de control sobre el resultado.
En el entorno digital, estos factores se intensifican, haciendo más fácil que un uso ocasional se convierta en un patrón problemático.
Consecuencias
El juego puede ser una actividad de ocio legítima, pero puede generar daños importantes tanto para quien juega como para su entorno familiar. Entre las consecuencias más frecuentes se encuentran:
- Mentiras o engaños relacionados con el dinero.
- Cambios de humor, irritabilidad o ansiedad.
- Conflictos familiares y dificultades en la comunicación.
- Problemas con amistades y aislamiento social.
- Dificultades escolares o abandono de estudios.
- Riesgos para la salud mental y física.
- Consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias.
- Problemas económicos y legales.
En general, por cada persona con un problema grave de juego, entre 8 y 10 personas de su entorno pueden verse afectadas.
Adolescencia y riesgo
El juego de apuestas no está permitido para menores de 18 años, pero cada vez más adolescentes lo practican, tanto presencialmente como en línea. En esta etapa, el cerebro aún está en desarrollo, sobre todo en capacidades de planificación y control de impulsos, y la influencia de amistades y grupos sociales es muy fuerte. Por ello, el riesgo de desarrollar conductas problemáticas es mayor que en la edad adulta.
Motivaciones para jugar
Las razones por las que los jóvenes empiezan a jugar suelen cambiar con el tiempo:
- Inicialmente, el juego se percibe como diversión o entretenimiento social.
- Con el tiempo, puede volverse motivado por dinero, emoción o escape de problemas personales.
Otros factores que influyen:
- Familia como modelo: cuando los adultos juegan, los hijos e hijas pueden normalizar la conducta.
- Reconocimiento social: ganar o demostrar habilidad puede otorgar admiración de los demás.
- Presión de amistades: la influencia del grupo puede motivar a participar, incluso contra la propia voluntad.
El entorno y la exposición al juego
El entorno facilita o dificulta la aparición de conductas de riesgo:
- Disponibilidad: fácil acceso a juegos presenciales o en línea aumenta la exposición.
- Normalización: si se percibe como una actividad habitual y sin riesgo, el control es menor.
- Publicidad y marketing: los anuncios, especialmente aquellos dirigidos a jóvenes, refuerzan la imagen de diversión, éxito y estatus vinculados al juego.
Videojuegos y similitudes con el juego de apuestas
Algunos videojuegos incluyen mecanismos que pueden fomentar conductas similares a las apuestas, como las “cajas botín” o recompensas aleatorias que se adquieren con dinero real o virtual. Estas características hacen que la experiencia sea más emocionante y potencialmente adictiva. La información sobre la edad recomendada y contenido se encuentra en sistemas como PEGI, que orientan sobre el uso adecuado.
Estrategias familiares de prevención
La prevención es más eficaz cuando se actúa de manera consistente y afectuosa. Algunas recomendaciones:
- Mantener comunicación abierta y cercana, con tiempo de calidad compartido.
- Fomentar actividades de ocio saludables y estimulantes.
- Reforzar relaciones sociales de apoyo y entornos seguros.
- Enseñar habilidades para gestionar emociones, responsabilidades y autonomía.
- Conocer los intereses, amistades y aficiones de hijos e hijas.
- Buscar ayuda profesional si se detectan señales de riesgo.
Específicamente sobre el juego:
- Ser ejemplo con actitudes responsables frente al juego.
- No promover ni minimizar la importancia del juego de apuestas.
- Observar y actuar ante cualquier indicio de problema de manera temprana.
- Dialogar con calma y empatía sobre riesgos y alternativas saludables.
- Desmontar mitos sobre el control o la “habilidad” en juegos de azar.
Señales de alerta
Atención si se observan comportamientos como:
- Pedir dinero sin explicar bien para qué es.
- Presumir de conocimientos o habilidades para ganar.
- Mentiras o excusas poco creíbles respecto al dinero.
- Cambios en amistades, abandono de actividades habituales o desinterés escolar.
- Oscilaciones de humor, irritabilidad o aislamiento.
- Rutinas alteradas, exceso de tiempo en casa o fuera de ella sin motivo aparente.
Detectar estas señales no implica que haya un problema grave, pero sí requiere intervención y orientación, ofreciendo alternativas y límites claros con afecto y firmeza.








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