Pensamiento monógamo, terror poliamoroso
noviembre 23, 2025
Pensamiento monógamo, terror poliamoroso

Este es un buen libro para introducirse y trabajar a nivel personal y profesional sobre la arquitectura afectiva que sostiene nuestras relaciones, y sobre los dispositivos culturales, políticos y psíquicos que hacen posible —y necesaria— la ficción de la pareja monógama como centro absoluto de la existencia. Pensamiento monógamo, terror poliamoroso, de Brigitte Vasallo, es un ensayo que no pretende ofrecer soluciones tranquilizadoras ni recetas relacionales, sino incomodar. Y, a la manera de los textos imprescindibles, incomoda precisamente porque toca aquello que creemos más natural —el amor, la pareja, la fidelidad, la pertenencia— y lo revela como construcción histórica, como ingeniería de vínculos y como lugar donde el sujeto se sujeta al Otro.

Vasallo propone que la monogamia no es simplemente el hecho de tener una sola pareja sexual o afectiva. Reducirla a eso —a la exclusividad— sería, en sus términos, confundir el síntoma con la estructura. La monogamia es un sistema de pensamiento, un régimen que organiza los vínculos, que jerarquiza los afectos y que establece un mapa de lo posible y lo prohibido. No es la vida privada: es un dispositivo político. Su función no es preservar el amor, sino gobernar los lazos, distribuir el valor, determinar quién pertenece y quién queda fuera. Y si la exclusividad sexual aparece como imprescindible, no es por razones morales o espirituales, sino porque garantiza el funcionamiento del régimen: organiza la identidad (“somos en tanto estamos con”), legitima el capital afectivo y establece la lógica de la competencia (“lo que está en juego siempre se puede perder”).

Una pareja monogámica, en este marco, no es simplemente dos personas que se aman: es una institución destinada a producir estabilidad social, propiedad, ciudadanía, orden simbólico. La supuesta centralidad afectiva de la pareja se vuelve prioridad frente a cualquier otro vínculo: la amistad es secundaria, la comunidad es decorativa, la familia extensa es tolerada. La pareja es la patria mínima, la frontera emocional definitiva: lo que importa, lo que se protege, lo que se teme perder. Cuando se toca la pareja —como cuando se toca la nación— estallan los mecanismos defensivos más brutales.

Y si esto es así, es inevitable preguntarse por su contrario aparente: el poliamor.

Vasallo aborda la cuestión con una lucidez que desmonta entusiasmos ingenuos. La proliferación contemporánea del poliamor, presentada como liberación, como ruptura de las cadenas, no escapa necesariamente al pensamiento monógamo. Puede ser —y suele ser— su prolongación barroca: más vínculos, pero bajo la misma lógica de propiedad, de jerarquía, de comparación, de rendimiento afectivo. Si el valor personal depende de cuántos te desean, de cuánto te eligen, de cuántas personas te legitiman, entonces no hemos salido del régimen monógamo: hemos multiplicado sus dispositivos de control. El poliamor se convierte en un mercado bursátil del afecto, donde los cuerpos y los deseos fluctúan como acciones. Tener más parejas aumenta la cotización, perderlas produce derrumbe. Cambia el número: no cambia la gramática.

La autora señala que lo decisivo no es la cantidad de vínculos, sino el modo en que se organizan. La pregunta crucial no es con cuántos cuerpos me relaciono, sino qué lógica me atraviesa: ¿cuidado o conquista? ¿cooperación o combate? ¿red o pirámide? Una relación no deja de ser monógama porque deje de ser exclusiva: deja de ser monógama cuando abandona la jerarquía y la lógica del reemplazo. Cuando el otro deja de ser mi propiedad o mi capital afectivo y pasa a ser alguien que existe sin necesidad de pertenecerme.

La poligamia —cuando aparece en el análisis— funciona como espejo: no desborda el régimen monógamo, sino que exhibe su estructura de poder sin pudor. No cuestiona el sistema, lo explicita: distribución desigual, propiedad, orden, control. Lo que Vasallo cuestiona no es el número ni la forma jurídica, sino la teología afectiva que sostiene toda relación basada en la lógica binaria “uno o ninguno”, “dentro o fuera”, “propio o ajeno”.

El libro es también una cartografía política. La monogamia se articula con el Estado-nación, con la colonialidad, con el capitalismo, con la producción de identidades que requieren enemigos para sostenerse. La pareja modélica funciona como versión doméstica del Estado: policía del deseo, frontera emocional, administración de recursos afectivos, vigilancia recíproca. La fidelidad, como la bandera, exige sacrificios y vigilia permanente.


Desde una perspectiva clínica, la lectura tiene una potencia enorme. Muchas de las patologías afectivas contemporáneas —celos compulsivos, ansiedad relacional, dependencia emocional, pánico al abandono, terror a la soledad— pueden verse, desde este prisma, como síntomas de un régimen que convierte el amor en contabilidad de valor y que hace del otro un objeto de posesión. La pareja monógama puede volverse, así, una ficción que promete protección, mientras alimenta la angustia y la culpa. Y muchos discursos del poliamor, lejos de resolver esa angustia, la amplifican bajo la forma de rendimiento emocional: el sujeto queda atrapado en la obligación de amar más, mejor, sin límites.

En el psicoanálisis se sabe que el amor no es natural ni inocente. No se ama porque sí: se ama según una estructura, un fantasma, un lugar en el deseo del Otro. El libro de Vasallo, sin pretenderlo, dialoga con esta intuición radical: no hay amor sin ley, sin ficción, sin discurso. Y por ello, si queremos pensar el amor, debemos pensar la estructura que lo produce.


Pensamiento monógamo, terror poliamoroso no es un manual ni un panfleto. Es un libro que descoloca y exige. Con la sencillez brutal de las ideas que rompen espejos, recuerda una frase que resume su fuerza: “Hay una diferencia entre conocer los hechos y saber los detalles”. Los hechos son los que repetimos: que amamos, que deseamos seguridad, que queremos ser elegidos. Los detalles son los que callamos: el miedo, la competencia, el cálculo, la ferocidad con que defendemos la ilusión de pertenencia.

Un libro necesario para quienes trabajan con el sufrimiento psíquico, con las parejas, con la educación afectiva, y para cualquiera que quiera examinar por qué el amor duele tanto, por qué su fracaso aterra tanto, y qué parte de ese dolor no proviene del otro, sino del edificio simbólico que juramos no cuestionar.

Un libro que no enseña a amar, pero enseña algo más difícil: a pensar lo que llamamos amor.

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Arnan Castelló

¡Hola! Me llamo Arnan Castelló y soy Psicólogo Sanitario y Psicoanalista, también con formación en psicoterapia clínica y terapia de pareja y familia, especializado en paternidad, maternidad y crianza, sexualidad, adolescencia, drogodependencias y conductas adictivas

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