Reseña Crítica: Por qué este no es un buen modelo, pero sí un buen libro
Abierta. Un relato personal y sin censura sobre amor, libertad y no monogamia (Paidós, 2023) de Rachel Krantz se presenta, según su sinopsis, como una exploración íntima y honesta del poliamor, la libertad sexual, la lujuria, la intimidad, la identidad y el riesgo emocional que supone abrir una relación.
A grandes rasgos, el libro promete:
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Examinar preguntas difíciles: ¿Podemos amar y ser libres? ¿Puede coexistir confort y deseo? ¿Puede una relación ser igualitaria? ¿El placer justifica el dolor?
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Narrar desde la experiencia personal con Adam, con sus contradicciones, sus fiestas sexuales, sus exploraciones swinger, entrevistas con psicólogos y personas que viven fuera de lo convencional.
Debilidades principales
- Inmadurez emocional de la autora
Krantz muchas veces parece moverse por curiosidad, deseo o impulsos, más que por claridad interna. Se percibe que no tiene totalmente resueltas muchas de sus inseguridades, ni una base sólida de autoconocimiento antes de abrir relaciones sexuales y afectivas múltiples. Eso la hace vulnerable a herirse, a idealizar, a confundirse en los límites, a depender emocionalmente de las respuestas —o la validación— de sus parejas. - Dependencia afectiva y expectativas poco realistas
En su relato, Krantz parece buscar tanto la libertad como la confirmación, la pasión constante, la reciprocidad total, la igualdad afectiva, etc. Lo cual en la práctica es muy difícil de sostener cuando las personas tienen diferencias en deseo, límites, vulnerabilidad emocional. Esa tensión entre lo que se espera y lo que se recibe se cruza con conflictos de poder, de comunicación, de celos, ansiedad, etc. Se ve que Krantz no siempre ha previsto o manejado bien esas tensiones. - Desigualdades de poder, falta de asertividad, gaslighting y coerción
La sinopsis ya menciona que lo que parecía ser un “nuevo modelo de amor” se revela con desequilibrios de poder, coerción y gaslighting. Esto indica que Krantz no ha tenido un control claro ni una estrategia para equilibrar esos riesgos, ni quizás la capacidad de detectar a tiempo cuándo la apertura de la relación deja de ser bañada por honestidad y consentimiento mutuo, y se convierte en manipulación emocional. - Romantización del riesgo, falta de estructura o límites firmes
Mucho de lo que Krantz relata viene desde una postura abierta, de exploración, pero sin suficientes marcos claros para gestionar los dilemas: ¿qué hacer cuando uno de los miembros sufre celos, inseguridad, cuando la libertad entra en conflicto con el compromiso? Krantz parece confiar mucho en que la buena fe o la sinceridad bastan, lo cual muchas veces no es suficiente. Una relación abierta no es solo libertad, también es regulada, consciente, ética, con límites muy claros y respeto mutuo (y ¡auto-respeto!). - Idealización del placer, subestimación del dolor
El libro concede gran espacio al erotismo, al deseo, al placer, a la novedad de lo sexual y de lo emocional. El contraste con el dolor, la ansiedad, el sufrimiento emocional existe, pero parece que en ocasiones aparece como sorpresa —cuando podría haber sido anticipado, prevenido, o al menos examinado con más rigor— más que como una posibilidad esperada que se prepara y se gestiona. La narrativa de que el placer puede compensar el dolor a menudo olvida que algunas heridas no sanan fácilmente, que algunas pérdidas o humillaciones dejan huella, y que si no se tiene una red, recursos emocionales o conciencia, pueden generar daños duraderos. - Carencia de reflexión crítica suficiente sobre sus propias decisiones
Aunque Krantz hace entrevistas, reflexiona, se expone, en ciertos pasajes su autoevaluación se siente parcial, o demasiado compasiva consigo misma, sin interrogar suficientemente sus responsabilidades en los conflictos. En particular, en lo que respecta a cómo ella pudo contribuir a la creación de desequilibrios —no solo por lo que otros hicieron, sino por lo que ella omitió exigir, por lo que toleró, por lo que no puso límites.
Puntos positivos
Antes de concluir que este libro es un mal ejemplo, conviene reconocer también lo que hace bien:
- Es valiente en su exposición personal, lo que permite al lector ver no solo ideales sino consecuencias reales de abrir relaciones. Esa transparencia es útil, pues muchos relatos de poliamor idealizado ocultan lo difícil.
- Incluye perspectivas externas: entrevistas, psicología, ciencia, lo que le da cierta amplitud más allá del “diario íntimo”.
- Hace visibles temas que suelen ser tabú: ansiedad, vulnerabilidades, desequilibrio, poder psicológico. En ese sentido, la obra contribuye al debate y permite que quienes estén interesados en relaciones no monógamas puedan reflexionar sobre lo que podrían necesitar emocional y estructuralmente.
Valoración final: este libro como ejemplo de cómo no vivir/adentrarse
Dada la combinación de lo anterior, considero que Abierta funciona mejor como advertencia que como guía. Si alguien lo toma como modelo, corre varios peligros, especialmente si no cuenta con:
- fuerte autoconocimiento y capacidad emocional para sostener la inseguridad, la vulnerabilidad, el rechazo.
- límites muy claros, honestidad constante, mecanismos de comunicación excelentes.
- capacidad de distinguir cuál poder se tiene o tiene el otro—emocional, psicológico, económico— y cómo evitar que se desequilibre.
- apoyo: terapéutico o de personas que puedan acompañar sin idealizar.
Por todo eso, mi conclusión es que Abierta ejemplifica muchos de los errores fundamentales al entrar en experiencias de poliamor, swingers o relaciones abiertas:
- creer que abrir relaciones puede compensar lo que falta o duele en ti, sin antes haberte hecho cargo de tu propio dolor;
- subestimar el sufrimiento emocional que puede generar la exposición, la vulnerabilidad y el desamparo;
- idealizar la igualdad afectiva/permanente reciprocidad sin reconocer que todos los seres humanos somos desiguales en muchos sentidos, y que esas desigualdades se expresan también en el deseo, el valor que damos al otro, las inseguridades;
- confiar demasiado en la buena voluntad del otro sin tener protocolos o acuerdos claros de compartir, de cuidado emocional, de límites, de consecuencias;
- no prever que la libertad tiene costos: en celos, en incomodidad, en renuncia a ciertas seguridades que la monogamia, aun con sus defectos, proporciona para muchos.
Conclusión
Abierta de Rachel Krantz funciona, en mi lectura, como un ejemplo de cómo no adentrarse en la no monogamia o relaciones abiertas si:
- no estás emocionalmente preparado,
- no cuentas con herramientas de reflexión, límites, comunicación, reflexividad,
- no tienes claridad sobre lo que te importa, lo que soportas, lo que estás dispuesto a dejar, lo que necesitas de cuidado.
El libro muestra que las buenas intenciones no bastan, que la pasión no cura las heridas emocionales previas, que la libertad sin responsabilidad ni estructura puede volverse una trampa, y que asumir una relación abierta sin madurez, autoexigencia y discernimiento suele conducir a dolor, confusión o desgaste.
Si hubiese que dar una recomendación práctica a quien se siente atraído por la no monogamia después de leer Abierta, sería: usarlo como espejo para identificar tus propias fortalezas y vulnerabilidades, no como plano a seguir; hacer terapia, definir tus límites, construir la relación contigo antes de abrirla con otros; recordar que amar no exige renunciar a libertad, pero que la libertad trae exigencias que muchas veces duelen.








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