TRAUMAS DEL PASADO
octubre 21, 2020
TRAUMAS DEL PASADO

Todos tenemos traumas en el pasado, puntuales o sostenidos. Traumas que, si no son identificados y trabajados hasta su resolución, condicionan e incluso determinan nuestro presente.

Cada una, cada uno, a menudo sabe lo que hay y lo que esconde. Aunque, en ocasiones, hay cuestiones traumáticas que nos son completamente desconocidas, bien porque no las recordamos, bien porque inconscientemente no las queremos recordar; y hay otras, en cambio, de las que no puede haber recuerdo alguno.

Hay sucesos que nos son desconocidos porque los vivimos tempranamente de manera pasiva, como una pérdida significativa en la infancia que cambió drásticamente el ambiente familiar. Hay dramas familiares que se sufrieron en la adolescencia aparentemente con cierta normalidad, pero que lo cambiaron todo: una separación, un abuso, un trastorno, una emigración, una crisis económica1¡Nunca hay que subestimar la capacidad humana de hacer “como si nada”!. Hay traumas que se transmiten de generación en generación de manera implícita, silenciosa, incluso silenciada, algo de lo que nunca se habló ni se habla. Hay cuestiones traumáticas que no han sido conscientemente experimentadas, pero que pueden reconocerse en la existencia de complejos personales o familiares, o en dificultades en los vínculos afectivos. Y hay traumas que sólo se descubren como tales cuando se buscan, cuando se indaga ante la necesidad de resolver el misterio, la incógnita, que suscitan ciertas conductas evitativas, o ciertas reacciones corporales, como la espontánea de protegerse, ante un brazo que alzado se acerca, de quien en su infancia sufrió maltrato físico.

Por tanto, está claro, habrá formas de ser y actuar a las que no encontraremos explicación de buenas a primeras. La dificultad en descubrir la respuesta, la mayor parte de las veces, consistirá en que no se ha analizado lo necesario, no se ha prestado suficiente atención, o en la existencia de fuertes miedos y autoengaños persistentes, o en no haber explorado el pasado remoto.

Esto último suele ser consecuencia de haber infringido una regla básica en toda atención terapéutica, en la escucha respetuosa del Otro incluso: y es que “nunca hay que dar nada por sentado”. Cuando en una sesión un/a profesional psi explora junto al/la paciente su pasado, casi nunca ocurre que, ante la dificultad de encontrar la raíz de ciertas problemáticas, se busque en su primera infancia y aún menos en sus períodos de gestación, parto y posparto.

La causa de todos nuestros males no está en un único evento pretérito, por supuesto. Ese principio teórico es algo antiguo que hace ya tiempo fue superado. Lo que nos hace sufrir siempre es consecuencia de un todo complejo. Pero, hay personas que fueron bebés muy prematuros, o criaturas fruto de un parto traumático con complicaciones severas, ahora inexistentes, pero que afectaron de manera trascendente en el vínculo familiar o/y en el estado psicológico de la mamá o del papá. El paciente que pasó por algo así no dice nada, porque no sabe nada; quizá porque es un tabú familiar, quizá porque la familia enseguida lo normalizó y lo olvidó, quizá porque la familia tiene un estilo comunicativo y afectivo escaso o casi inexistente…

Sea como sea, en función de aquello por lo que alguien vaya a una consulta psi, y en función de en qué momento del proceso se encuentre, puede ser imprescindible explorar, investigar, hallar y descubrir lo que sea, aunque tengamos que retrotraernos más allá de los propios recuerdos.

Ahora, veamos seguidamente un caso típico, una situación de posparto que nos muestra, claramente, porqué puede ser imprescindible para alguien tener en cuenta qué le sucedió entonces:

Imaginemos a un bebé hospitalizado en una unidad de alta complejidad neonatal, una UCI para neonatos. Visualicemos a esa criatura, de unas 25 semanas de gestación2En España, el equipo sanitario tiene la responsabilidad legal de hacer todo lo posible para que un/a niño/a que nazca a partir de las 24 semanas de gestación siga vivo/a y progrese

 

lo mejor posible.
, sobreviviendo ahí, en una etapa crítica de su crecimiento, durante dos meses, para pasar después a otro espacio compartido del hospital, una Unidad de Semicríticos3Donde habrá otros prematuros que, como ella, están siendo gestados fuera del útero por su mamá.. Ahora, antes de seguir, tengamos en cuenta que su sistema psico-emocional y sensorial, igual que el nuestro, no se desarrolla aisladamente, sino que lo hace y funciona en concierto con todos los otros sistemas del organismo y con su entorno. Pensemos además que, para su correcto desarrollo funcional, este bebé depende no sólo de la respiración, medicación, de ser alimentado y de recibir abrigo, sino también de sus experiencias, de que estas sean adecuadas y de que algunas se produzcan en un momento determinado; si no, tendrá consecuencias más o menos graves.

Así, al bebé de nuestro caso-tipo, estar todo ese tiempo en la UCIN le habrá afectado previsiblemente a través del entorno, por la respiración asistida, la circulación, por las manipulaciones del equipo sanitario y las posturas en la incubadora4Malas posturas, inmovilizaciones con férulas, toma del peso…, por las situaciones que le produjeron estrés tóxico5Como intervenciones continuadas y/o dolorosas, el uso de bombas mecánicas de alimentación…, en la cantidad y calidad del sueño6Un bebé necesita dormir casi todo el día., a través de las experiencias sensoriales de audición7Como las voces y conversaciones de los sanitarios encargados., visión8Luces., olfato, gusto, por los estímulos táctiles9Cambios bruscos de temperatura…, el dolor físico10Como pinchazos, retirada de ciertos apósitos, punciones, canalizaciones de vías, intubaciones, colocación de sondas, procedimientos quirúrgicos y postoperatorios, curas de heridas y úlceras, aspiraciones de secreciones o retenciones… y el profundo dolor psíquico de la separación madre-bebé.  Tengamos en cuenta que en esas unidades neonatales hay muchos ruidos11De máquinas, puertas, utensilios, y voces que empiezan a asociarse a intervenciones que se le realizan periódicamente., olores, el gusto se altera si hay que aspirar, si hay que poner una sonda por la boca. Y los bebés no sólo se van desarrollando ahí, sino que también aprenden, produciendo asociaciones significantes con repercusiones futuras.

Como vemos, el pasado importa, siempre. Está claro que no todo en nuestro pasado tiene la misma relevancia, ni nos afecta o condiciona de la misma manera. No toda experiencia difícil es traumática, ni todo trauma se recuerda conscientemente. Pero los acontecimientos negativos trascendentes existen, los eventos patologizantes normalizados se dan con suma frecuencia, y los males pasados que estructuran nuestra forma de ser también: situaciones significativas, puntuales o sostenidas en el tiempo, que condicionan marcadamente de manera negativa nuestra personalidad y nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con la vida en general.

Tener todo esto en cuenta es fundamental, pues muchas veces atribuimos nuestros malestares personales sólo a las circunstancias actuales o a la química de nuestro cerebro, a cómo gestionamos las situaciones y nuestros recursos, a nuestras habilidades, hábitos, a nuestra inteligencia emocional, forma de pensar y la actitud que tenemos frente a la vida y los demás.

Pero la historia individual y familiar está, y mucho. Nuestra biografía siempre está ahí.

Arnan Castelló

¡Hola! Me llamo Arnan Castelló y soy Psicólogo Sanitario y Psicoanalista, también con formación en psicoterapia clínica y terapia de pareja y familia, especializado en paternidad, maternidad y crianza, sexualidad, adolescencia, drogodependencias y conductas adictivas

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