Ninguna mujer nace para puta
febrero 17, 2020
Ninguna mujer nace para puta

Ninguna mujer nace para puta, escrito por María Galindo y Sonia Sánchez, aborda, sin concesiones ni cortapisas, la mayor parte de las cuestiones implicadas en lo que las autoras llaman “mujeres en estado de prostitución”.

Este trabajo, al que dedicaron algo más de tres años de investigación, elaboración y síntesis, representa también el desarrollo de un proyecto político. En sus páginas, María y Sonia dialogan sobre la complejidad social e ideológica implicada en la existencia y mantenimiento de dicho estado, así como sobre su soledad política y trascendencia global, al ser para ellas la prostitución, no sólo el exponente más antiguo del capitalismo, sino también el más claro del aún omnipresente patriarcado.

Por todo ello, éste ensayo viene a ser imprescindible tanto para adultos como para jóvenes en formación. Un libro de los que ayuda en la construcción del criterio necesario con el que aproximarse y posicionarse respecto a la explotación y tortura que supone el estado de prostitución. En cada uno de sus ocho capítulos, la investigación expone todos los aspectos y componentes que ponen en cuestión a la sociedad que sustenta dicho estado. María y Sonia aportan y analizan conceptos tales como Estado proxeneta y parásitos de la prostitución, para interpelarnos tanto a nosotros mismos de manera singular, como a nuestras sociedades en particular y al Estado que corresponda, ante lo que no deja de ser, para la mayoría, una identidad impuesta, parienta tanto del hambre como de la precariedad.

De principio a fin, no hay palabra que sobre. El libro es completo, conciso y preciso, apreciándose en él un contenido real experimentado en sus propios cuerpos. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, el apartado que mayor novedad aporta es el primero, “Todas tenemos cara de puta”, donde Sonia y María, identificadas como puta y lesbiana, desarrollan aquello de lo que nunca se habla, de algo que ni siquiera advertimos: la soledad de la puta. Soledad en más de un sentido: soledad que no es buscada sino construida desde afuera, desde el Otro social, pues todo la descalifica y la condena. Soledad sufrida desde adentro, y casi siempre ignorada como consecuencia de la propia alienación. Soledad que al mismo tiempo es condición para favorecer la explotación.
La de la esquina no es cualquier soledad, lo es de exposición y vulnerabilidad completa e ilimitada, donde la puta se enajena de su propio cuerpo, usado cotidianamente varias veces, en un escenario de tortura y riesgo constante de muerte.

Porque, ¿quién reconoce a la puta como suya, como hija, hermana, amiga, esposa o madre? ¿Hay alguna cultura que la nombre como suya?, ¿alguna comunidad que la reconozca como un miembro más? Todos quieren expulsarla, al tiempo que todos la utilizan. El Estado, el proxeneta y el prostituyente saben que nadie va a dar la cara por ella, y por eso los mecanismos de chantaje y explotación se pueden dar con la más extrema crueldad e impunidad. La puta es tratada sólo como un objeto para hacer negocio, y omitida así como sujeto de derecho desde todos los discursos, la historia y la práctica política efectiva. La puta, como la droga, es la cara oculta de nuestra sociedad, compensadora de tantas vidas y familias, al tiempo que sostiene, y no sólo económicamente, todo el universo que la rodea.

La prostitución, y el lugar de la puta, no pueden ser omitidos, por consiguiente, del discurso feminista. Toda mujer puede siempre llegar a ser considerada puta, llamada puta, por el modo de vestir, de comportarse, de pensar, de vivir su cuerpo. Es un apelativo que recae fácilmente incluso a raíz de pequeñas “desobediencias” sexuales a la norma común. En este sentido es más que un chantaje, es una amenaza que puede recaer sobre cualquier mujer en cualquier momento, a cualquier edad, y servir a algunos como justificación para el abuso y la violencia. Por ello también, el significante puta, y todo el universo que le rodea, es imprescindible desde el punto de vista de la construcción de referencias e identidades para las mujeres.

Queda claro, por tanto, que debatir sobre la prostitución es poner en cuestión el lugar y la significación política de cualquier mujer (en tanto que sujeto de derecho) y de su propio cuerpo, el de cada una de ellas (una a una), en una sociedad patriarcal. Después de todo, ¿no es acaso el deseo de poder poseer, dominar y controlar el cuerpo de cualquier mujer, el fundamento mismo del patriarcado?
A modo de conclusión, María y Sonia llegan al final de su reflexión a que la puta y la prostitución son, sin excepción, el terreno político donde podemos y debemos aprender, encontrar y ubicar, los mecanismos de dominación clave para, mediante ello, deshacer las cadenas de opresión de las mujeres, y a partir de ellas y con ellas, también desarticular el conjunto de las relaciones de dominación en cada sociedad.

María Galindo Neder (La Paz, Bolivia; 1964) es una activista boliviana, psicóloga y comunicadora, cofundadora en 1992 del colectivo Mujeres Creando. Ella escribe este trabajo como militante anarcofeminista lesbiana, para construir un sujeto político, desde las mujeres, que sea capaz de interpelar el conjunto de opresiones que las (nos) paralizan. 
Sonia Sánchez, por su parte, es una activista feminista, profesora y animadora cultural argentina, que a sus 17 años viajó desde su ciudad natal a Buenos Aires para trabajar, por un exiguo sueldo, como empleada doméstica. A los diecinueve años fue echada a la calle y explotada sexualmente durante los siguientes 6. Hoy en día une su experiencia de vida a la reflexión teórica y política sobre temáticas de género, trata de personas, y prostitución.

Arnan Castelló

¡Hola! Me llamo Arnan Castelló y soy Psicólogo Sanitario y Psicoanalista, también con formación en psicoterapia clínica y terapia de pareja y familia, especializado en paternidad, maternidad y crianza, sexualidad, adolescencia, drogodependencias y conductas adictivas

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