Feliz final, de Isaac Rosa
febrero 17, 2020
Feliz final, de Isaac Rosa

“El regalo más precioso que me hizo el matrimonio
fue el de brindarme un choque constante con algo muy cercano e íntimo,
pero al mismo tiempo indefectiblemente otro y resistente,
real, en una palabra.”
C.S. Lewis. Una pena en observación

“Nada puede afectar al hombre
-o por lo menos a un hombre como yo-
de manera que pierda su ideología y sus creencias.
Tiene que enfrentar un gran golpe para entrar en razón.
Sólo la tortura traerá la verdad.
Sólo bajo la tortura podrá descubrirla por sí mismo.”
C.S. Lewis. Una pena en observación

El periodista sevillano Isaac Rosa escribió con 42 años un libro único en el mercado. Una obra modélica, amena, detallista e incisiva, sobre las relaciones de pareja en nuestro mundo contemporáneo. En ella los protagonistas, mediante una especie de intercambio epistolar, narran alternadamente la historia de cómo su relación empezó, desarrolló y fracasó, de la manera más común. Un trabajo en el que hay mucha catarsis pero poca rectificación personal.

El autor confesó hace unos años, durante una presentación en Barcelona, que lo que pretendía con su libro no era sólo entretener sino también hacer reflexionar para impeler a sus lectores, como consecuencia, a buscar una mejor manera de ser y amar, de convivir, de lograr un amor más bueno y duradero.
¡Vano esfuerzo! Aunque el aprendizaje vicario sea de lo más básico, para la vida familiar nunca es, ni será, suficiente. Es imprescindible dialogar y confrontarnos, descubrir y admitir, para atravesar así los cambios necesarios, precisos.

No obstante, este libro es un tesoro atípico de imprescindible lectura. En él aparecen muchas escenas conyugales en su cotidianidad, 13 años de historia de una joven familia y su convivencia. Por tanto, no es sólo otra novela más sobre la épica de un inicio amoroso y su correspondiente final dramático. Es, más bien, desilusiones, proyectos, rencor, resentimiento, malentendidos, desencuentros y traiciones. ¡¡“Nosotros íbamos a envejecer juntos.”!!, dicen Antonio y Ángela.
Estamos acostumbrados a historias excepcionales, a aventuras romanticonas, hollywoodienses, cuando la mayoría de nosotros vivimos en lo ordinario, con cielos igualmente sublimes e infiernos no menos terribles. La vulgar cotidianidad no es menos dramática que la cinematográfica; puede ser incluso más trágica. Por ello, Rosa logra con éxito que los lector@s nos sintamos representados fácilmente con los personajes en su trama, pues éstos no son para nada extraordinarios, más bien gente común, con una vida como tantas otras.
Pero el relato es tan pormenorizado y realista, tan matizado con humor, ironía y soltura, que cualquiera pensaría que Isaac Rosa estuvo llevando un diario de su propia vida familiar y que éste fue utilizado, tiempo después, para ser historiado en una reconstrucción original, siendo más tarde complementado con experiencias de conocidos, más ideas de insignes autores como Roland Barthes y Zygmunt Bauman.

Nos revela Antonio-Isaac: “Hasta hay quien escribe una novela a partir de ese instante tembloroso de abrir la caja de los recuerdos familiares.” Pero el libro “no es una autoficción”, dijo Rosa en Barcelona, no es autobiografía. Mas como todo escrito literario seguro que está armado con materiales propios; y en éste debe de haber muchos, pues ciertas escenas de la vida amorosa, de la relación, de la convivencia a lo largo del tiempo, ensartados en diálogos de besugos, sumamente verosímiles, donde uno claramente no escucha al otro, donde cada uno va largando lo suyo absorbido por sus propios fantasmas; ciertos detalles, decimos, sólo son aprehendidos en la tensión subjetiva de la propia experiencia.

¡Qué gran acierto ha sido, entonces, el haber contado la historia a dos voces! Así, los lector@s nos vemos fácilmente identificados ora con una, ora con otra, pudiendo entender por igual a las dos, empatizar, pero siendo crític@s con ellas a su vez. Después de todo, ¿no hay en toda relación en la que se dé una ruptura una disputa por la hegemonía del propio relato? ¿No es ésa la sustancia narrativa misma de todo drama romántico?

Ya lo apuntábamos antes en una fugaz crítica, Feliz final es sólo una muestra de qué sucede cuando, pero no de qué se puede hacer si. En un momento dado, Antonio cita en una reflexión al psicoanalista milanés Massimo Recalcati, ¡pero no extrae de su ensayo nada sustancial, ni constructivo, nada de esperanzador! Por eso el libro, decíamos, no deja de ser también el mero relato de un fracaso, de un caso paradigmático de aquellos que creen, en el fervor delirante de su enamoramiento, que van a envejecer juntos, pero que más tarde encuentran sus ingenuas y melodramáticas expectativas hirientemente frustradas. Al final, el narcisismo de base acaba haciéndose evidente y toma todo el protagonismo, llevando a la expareja a residir entre las paredes de su fría soledad. Él, autocomplaciente, se lame las heridas. Ella, en cambio, se queja insistentemente, cuando en realidad la tragedia se veía venir desde el principio.

Y es que cuando los dos empiezan a pseudoconversar, la farsa y la inutilidad de todo ello son estentóreas. La decisión está ya tomada. Lo que los dos se digan en la intimidad no bastará ya, pues los hechos han desmentido demasiadas veces todas las promesas. Se perdió la confianza, la fe y toda esperanza.

Y es que el goce lo consume todo, mientras que el deseo amoroso produce sin fin. ¡Así de simple! El amor duradero es la resultante del anudamiento entre Eros, Philia y Ágape: pasión, respeto afectuoso y compromiso genuino. El amor, como un darse cotidianamente un@ mis@ al Otro, es la única manera de hacer converger, sin disociar neuróticamente, el deseo con el respeto y el goce.

Por ignorar esto, la novela resulta en un monólogo a dos, un literal intercambio epistolar donde las misivas no sirven; nunca llegan a destino. No hay diálogo. El mal ejemplo de Antonio y Ángela consiste en una relación donde no hubo más que pasión sin madurez, donde el par de tortolitos transitaron de retozar en convivencia a la inercia asociativa, a compartir piso e hijas, como llevados frenéticamente, sin un momento para la reflexión, con autoengaños constantes; como si comprar una casa con tu pareja, o follar con ésta, implicara algún tipo de unión, de ir a una, de estar juntos en lo mismo, haciendo lo mismo, por lo mismo.

Y es que, lo que empieza inconscientemente desde actitudes infantiles e intenciones irrespetuosas, acaba mal por obligación, por la repetición de los errores que nunca fueron vistos. Si no hay trabajo personal, interior, el futuro acaba siempre siendo una reedición del pasado.

Ahora bien, muchas cosas más podemos encontrar aún en Feliz Final que reflejan nuestras relaciones: El lugar que ocupa cada uno simbólicamente en el otro. El lugar y la función que ocupan las hijas en las expectativas de sus padres. ¿Qué deseos latían en ellos tras los embarazos? ¿Cómo cambia todo al devenir padres: la pareja, la sexualidad, los compromisos, proyectos, el tiempo disponible, los amantes…? Trámites, acuerdos, desacuerdos de separación, custodias… ¡¡El Dinero!! Hay quien quiere separarse, pero ¿quién es quien acaba tomando la decisión y por qué? Patetismo, heroísmo, coraje, cobardía miserable. Situaciones que sacan lo peor y lo mejor de cada un@. Tanto las hijas, víctimas colaterales, como el “hijo único”, se hacen presentes en la trama del relato sólo ocasionalmente (¿no es esto significativo?). Cosas que se ocultan y contaminan, y que tarde o temprano salen a la luz de la manera menos conveniente, y sobre todo, como siempre, cuando la culpa inconsciente de quien hace trampas, de quien traiciona, le lleva a hacerse pillar, descubrir, delatándose directa o indirectamente. Manipulaciones retorcidas, mentiras, el eterno autoengaño por no querer enfrentar la verdad. Alargar el dolor y la agonía del otr@ por no tener el valor de enfrentar las cosas. No asumir la responsabilidad de una infidelidad: ¡“esas cosas pasan, de pronto aparece alguien en tu vida y te lo pone todo patas arriba. No soy yo, es que me he enamorado.”!

“¿Hasta dónde crees que tendríamos que volver atrás en el tiempo,
hasta dónde crees que tendríamos que llegar,
en qué momento todavía estábamos a tiempo de arreglarlo?
Si empezamos a excavar,
lo primero que asoma es…”
Isaac Rosa. Feliz final

Arnan Castelló

¡Hola! Me llamo Arnan Castelló y soy Psicólogo Sanitario y Psicoanalista, también con formación en psicoterapia clínica y terapia de pareja y familia, especializado en paternidad, maternidad y crianza, sexualidad, adolescencia, drogodependencias y conductas adictivas

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