Instinto materno, Instinto paterno, y Deseo de…
febrero 18, 2020
Instinto materno, Instinto paterno, y Deseo de…

¡Quiero ser madre! ¡Quiero ser padre! ¡Quiero tener un hijo, una hija! ¡Quiero tener muchos hij@s!…

¿Quiero o debo? ¿Ahora? ¿Qué ha hecho que surja en mí esta cuestión? ¿Qué me empuja a planteármelo así, con esta intensidad o estas dudas? ¿Para qué? ¿Para cumplir qué expectativas? ¿Para ocupar qué lugar en mi vida?

Nunca como en la actualidad ha habido tanta libertad de decisión y tantas opciones, y nunca como ahora ha habido tanta presión, angustia y expectativas. Cada uno de nosotr@s tendrá implicado en ello ciertos factores, personales y biográficos, pero sólo algunos de éstos resultarán ser un problema con más frecuencia e insistencia que otros, fuente de ansiedad, dudas y conflictos. La decisión vital será, entonces: ser o no ser, ir o no a por ello.

Tanto a las mujeres como a los hombres de hoy nos afectan por igual la educación recibida, el factor cultural, las expectativas de los demás, el querer vivir ciertas experiencias antes de dar el paso, consolidar una relación, estabilidad laboral y económica, emancipación… A las mujeres en particular se les añade la presión del reloj biológico y, desgraciadamente aún, la conciliación familiar con igualdad de oportunidades en el mercado laboral1 Léase al respecto, el interesante libro y testimonio de Noemí López Trujillo en El vientre vacío. Relato de una generación precaria y sin hijos, editorial Capitán Swing Libros (2019)..

Los avances médicos están ayudando a retrasar La decisión, así como lo hacen las posibilidades de adopción, el ser familia de acogida, la gestación subrogada, vientre de alquiler, o el poder ser familia monoparental mediante algún otro procedimiento. No obstante, hay una cifra que sigue apareciéndosenos como un umbral, que sigue teniendo para tod@s el valor simbólico de un momento crítico: 40. Cada uno o, sobre todo, cada una, cuando se acerca a los 40 años se enfrenta, por lo general, al dilema de si tomar o no la angustiante decisión y asumir2 Asumir: hacerse cargo de algo, sea o no agradable, responsabilizarse de eso felizmente o con pesar, aceptarlo, sea cual sea la resultante. las posibles consecuencias.

Bien, todo esto es así, sí. Pero, principalmente, a lo que consciente o inconscientemente debemos responder es a las preguntas antes citadas, por lo que será conveniente que cada uno@ explore, como hemos dicho, sus particularidades, sus expectativas y las que le rodean, su momento, y sus fuentes de presión. De entre estas últimas, en nuestra sociedad posmoderna, aún hay las procedentes de tres cuestiones tradicionales fundamentales, tres prejuicios o ideas míticas:

Primera: El instinto materno y paterno.

Éstos, en caso de existir, no son, seguro, determinantes. Somos seres sociales y culturales, con una subjetividad y una individualidad única y singular. Por tanto, nuestra decisión va a ser tal o cual, en concreto, sobre todo en función de nuestro propio deseo (garantía éste de libertad, garantía éste también de responsabilidad). Tener o no tener hij@s es consecuencia, por ende, de un anhelo y de una decisión.

Segunda: Ser padre o madre es serlo de sangre.

Ser padre o madre no es, en sí, una cuestión biológica. Es fundamentalmente una función (la materna y la paterna3 Que pueden ejercer hombre o mujer, indistintamente.) asumida y encarnada por alguien; así como la maternidad y la paternidad son también siempre el resultado de una atribución, la que hacen los hij@s (igual que la autoridad). Son éstos últimos quienes invisten al Otr@ en tanto que madre o padre. Y esta es una verdad que cualquier padre o madre adoptivo conoce por experiencia a la perfección. La familia, como bien sabían los romanos al diferenciar genitor de pater, no tiene nada de natural. Es un artificio, una convención social, que en cada civilización adquiere diferentes formas bajo una misma estructura.

Por esto, para cada niño o niña, lo que cuenta en el fondo, más allá de la biología, es el vínculo, el lugar que ocupan, y el deseo que los ha traído a su mundo familiar, el como cada Otro cuidador l@ acoge en su singularidad, dejándole el margen necesario para que constituya su propia subjetividad, sin usarl@ después como mero objeto de satisfacción narcisista.

Tercera: Ser un Hombre, ser una Mujer.

No existe La forma de ser hombre o mujer, padre o madre. Por tanto, siguiendo en la estela del deseo, aunque a nadie se le ocurra decir que para ser un hombre logrado éste tenga también que ser padre, aún hoy hay quien piensa, dice, o tiene interiorizado, que toda mujer ha de llegar ser madre para dar plena realización a su naturaleza. Éste supondría ser, para algun@s, el destino universal de cualquier mujer en tanto tal.

¿De dónde surgen estas ideas? De los símbolos culturales heredados, tomados como únicos referentes de la sexualidad femenina, básicamente transmitidos y sustentados por el imaginario colectivo; y de ciertos discursos que todavía circulan en nuestra sociedad, entre y en nosotr@s. Es lo que se llama un complejo cultural, un prejuicio inconsciente afectivamente cargado, que toma relevancia y capacidad sugestiva por la significación que tiene en y para nuestros mayores en primer lugar, y en y para nuestros iguales en segundo. Así, las representaciones de la sexualidad femenina siguen condicionando, como siempre, su puesta en obra individual, social y familiar.

Pero ser mujer hoy, afortunadamente, no se reduce para muchas a ser madre, aunque la maternidad siga siendo uno de los posibles destinos para la feminidad. Y gracias a entender y tener presente esto, se da la condición de posibilidad de una mayor facilidad de que no se pretenda que el hij@ por venir colme todas nuestras expectativas y anhelos. La falta de ese deseo obturador, y generador de frustraciones filiales (cuando no de algo peor), formará un buen trío con madre e hij@, ayudando a l@s dos a salir de la díada, empujándoles a buscar otros intereses (pareja, amigos, profesión, aficiones…) con los que satisfacerse.

El riesgo, en realidad tanto para un padre como para una madre, es situar a ese hij@ en el lugar del objeto que debería satisfacernos completamente, o tenerl@ como nuestra única razón para vivir, como el refugio o consuelo de todos nuestros pesares: (sobre)protegerl@, cuidarl@, educarl@, exhibirl@, sin dejar entre él, o ella, y nosotr@s ningún margen por donde disfrutar de otros intereses o pasiones. Ese apego simbiótico asegura la asfixia y, tarde o temprano, retornará en forma agresiva, incluso violenta, en un intento de diferenciación, de emancipación. La llamada violencia filio-parental (VFP) no deja de ser sintomática, en muchos casos, de ese apasionamiento excesivo y precoz que se convierte, sobre todo en la pubertad, en confrontaciones y enfrentamientos, a veces extremos4 Calvete, E. y Pereira, R. (2019). La violencia filio-parental. Análisis, evaluación e intervención. Alianza Editorial..

Así, la paternidad y la maternidad no han de patologizarse, ni trastornar a nadie, al tomarse como una falsa salida, al tratar de esquivar nuestras propias carencias, o frustraciones, deviniendo padre o madre por no poder ser satisfactoriamente uno mismo, una misma.

Arnan Castelló

¡Hola! Me llamo Arnan Castelló y soy Psicólogo Sanitario y Psicoanalista, también con formación en psicoterapia clínica y terapia de pareja y familia, especializado en paternidad, maternidad y crianza, sexualidad, adolescencia, drogodependencias y conductas adictivas

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