El Coronavirus y sus metáforas
marzo 17, 2020
El Coronavirus y sus metáforas

“A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel Otro lugar.”

COVID-19, coronavirus, palabra que está en boca de todos, grandes y pequeños. De un día para otro este significante ha cambiado nuestras vidas1“El lenguaje es un virus”, W. Burroughs., pero no sólo de manera imaginaria o simbólica, no sólo en nuestro día a día, nuestra economía o nuestras dinámicas familiares, sino también en nuestro estado de ánimo y en nuestro equilibrio psíquico. Realmente SARS-CoV-2 está poniendo contra las cuerdas a nuestra entereza psíquica al haber avivado nuestros fantasmas, nuestros temores e incluso el real inconsciente. Hoy, quien más o quien menos, está viviendo muy de cerca cómo el inconsciente de alguien, cómo las propias neuras o las locuras del vecino/a se desbocan. El mar de fondo ha subido a la superficie.

En nuestra sociedad del bienestar, la enfermedad -letal-, el dolor y la muerte están proscritas al submundo. Frente a esas tres realidades, esos tres males, nos hemos defendido, y nos defendemos, de muy diversas maneras. La más habitual hasta ahora ha sido darles la espalda, si se podía. Y ciertamente podíamos con muchas distracciones, medicamentos y autoengaños varios. Pero lo más común ha sido hacer como si ello no existiera, no queriendo saber nada al respecto, mirando al sufrimiento del otro como si de una película se tratara.

Bien, es cierto, no todo el mundo ha vivido así. Quienes más han lidiado con estos hechos son, por ejemplo, ciertos colectivos sanitarios, llevándolo, eso sí, con más o menos entereza, integrándolo a sus vidas de manera elaborada, o disociando -como mecanismo de defensa- su mundo laboral de su vida personal.

Hoy, lo inconsciente está en la calle, y su presencia fantasmagórica es tan apabullante, tan abrumadora, que está penetrando en nuestros hogares, y ahora además no podemos ni salir de ahí. No se habla de otra cosa o se huye de ello; también se lo intenta dominar con información continua y creciente, o se hacen memes y chistes constantes para drenar maníacamente cual mecanismo colectivo para soportar, capear y lidiar con la angustia y la incertidumbre. Antes del confinamiento, el inconsciente descontrolado, desbocado incluso, nos estaba obligando a mirar con desconfianza al vecino, a la vecina, a apartarnos del otro o reaccionar con cierta tensión ansiosa si una persona se nos acercaba a más de un metro. No tocarnos ni para recibir el cambio, y a la menor señal de tos, ¡pánico! Ahora mismo todos somos presuntos infectados.

Limitaciones, regulaciones, sanciones, restricciones, disciplina, ética solidaria forzada por el interés particular común. Todo esto nos viene como respuesta, sobre todo, a la angustia que genera lo que la enfermedad representa inconscientemente para cada un@. Por que las cosas nunca son sólo lo que imaginariamente parecen ser. Ya Susan Sontag2Sontag, S. (2016). La enfermedad y sus metáforas. El SIDA y sus metáforas. Barcelona: Penguin Random House Gupo Editorial. exploró tal cuestión, pues la sufrió en carne propia. Escribió dos ensayos, hace cuarenta y dos años, sobre el cáncer y el SIDA revestidos como metáfora de algo más. En 1978, mientras trataba su cáncer, Sontag quiso demostrar cómo los mitos imaginarios acerca de algunas enfermedades añadían más sufrimiento al inevitable dolor de l@s pacientes, condicionando fuertemente sus vidas y decisiones. Hoy, como entonces, la respuesta subjetiva de la mayor parte de la sociedad sigue siendo el pavor, la angustia ante las incertidumbres, la estigmatización, las fantasías punitivas o sentimentales, el tomar distancia del otro enfermo o potencialmente portador, como si de un tuberculoso o de un apestado se tratara. La historia, sin elaboración, tiende desgraciadamente a repetirse.

De todas maneras, lo que Susan Sontag (1933-2004) quería era sólo colaborar a aliviar ese sufrimiento añadido, innecesario, a una mera enfermedad física como real, por causa del uso que de ella hacemos las personas como figura3Aunque en el ensayo desarrolla brevemente las metáforas como significaciones subjetivas subliminales asociadas al significante, el centro de su crítica es el imaginario colectivo moralista, ficcional, los mitos ignorantes e interesados, las supersticiones, las fantasías superpuestas a la cosa, y el psicologismo culpabilizador de un hecho meramente físico.. Para ella la enfermedad en sí no es un tropo4 Pero trata en muchas ocasiones la metáfora como sólo consistente “en dar a una cosa el nombre de otra”.. Y aunque reconoce que es imposible residir en el reino de lo mórbido sin dejarse influenciar por las siniestras metáforas, lo que pretende es aclararlas y liberarnos de ellas. Es decir, pretende salvarnos mediante un trabajo de conscienciación de la carga inconsciente que tiene cualquier mal físico por la significación, imaginaria o simbólica, que posee para cada persona en particular5La solución que propone Sontag está en rectificar la idea que tiene la gente de tal o cual mal, sólo desmitificándolo. La única intención de su libro es calmar de manera práctica la imaginación, privarla de significado, ir radicalmente contra la interpretación, hacia el mundo real, al cuerpo en sí en su materialidad. ¡Cuando desde la antropología, la filosofía, la sociología y el psicoanálisis se sabe que el ser humano es un ser cultural, es mitos y logos!.

Tal tarea, así realizada, es imposible y desgastante. Incluso en caso de tener “éxito”, el remedio sería peor que la enfermedad. Ya la misma escritora reconocía en 1988 que no es posible pensar sin metáforas, así como todo pensamiento es interpretación.

Es más viable, recomendable y provechoso, tomar la crisis de emergencia de angustia como una oportunidad para tomar contacto con ese real que nos está enloqueciendo, haciéndonos crujir, y dejarnos llevar, bien acompañad@s, a dónde y hasta dónde eso quiera. El camino será transformador, iluminador, y además le quitará al mal en sí, a la enfermedad indeseable, al dolor o a la muerte, parte de su exceso de carga, de su afecto insoportable. La vida se nos hará mejor, más llevadera. Resistirnos a ello, racionalizar, intelectualizar, sólo nos aportará más sufrimiento, desorientación y estar estancad@s en una situación desesperante.

Desde esta perspectiva, tomemos ahora algunos de los argumentos y reflexiones de Sontag:

Tres “enfermedades conllevan, por igual y con la misma aparatosidad, el peso agobiador -angustiante6La angustia será un afecto corporal y mental desconcertante, pero es el único que no engaña. Cuando surge, tod@s sabemos que estamos ante algo real. Algo que hay, aquí.– de la metáfora -de lo simbólico-7De lo inconsciente.”: la tuberculosis, el cáncer y el SIDA -y ahora el coronavirus (COVID-19). “Las fantasías (el imaginario inconsciente) inspiradas por la tuberculosis en el siglo XIX, y por el cáncer hoy, son reacciones ante enfermedades consideradas intratables y caprichosas -es decir, enfermedades incomprendidas8De ahí la suposición de que la información puede ser el remedio al padecer psíquico.– precisamente en una época en que la premisa básica de la medicina es que todas las enfermedades pueden curarse. Las enfermedades de este tipo son, por definición, misteriosas.”

“Basta ver una enfermedad cualquiera como un misterio, y temerla intensamente, para que se vuelva moralmente -psíquicamente-, si no literalmente, contagiosa.”

“El contacto con quien sufre una enfermedad supuestamente misteriosa -caprichosa- tiene inevitablemente algo de infracción; o peor, algo de violación de un tabú. Los nombres mismos de estas enfermedades tienen algo así como un poder mágico9Están cargadas de significación libidinal..”

La significación metafórica de ciertas enfermedades, más o menos letales y caprichosas -la muerte económica también es una muerte-, hace aparecer cierto tipo de vergüenza en quien la sufre, por la obscenidad10En el sentido original de la palabra: mal augurio, abominable, repugnante a los sentidos en su fase terminal. que adquiere quien la padece -sea como paciente o familiar directamente afectado/a-, porque hacen resonar empáticamente con facilidad una situación temible, terrible, horrorosa: la ruina y la consunción.

Un rasgo habitual de estas pestes es que «siempre» vienen de otra parte. Y es que existe un vínculo entre la manera de imaginar una enfermedad y la de imaginar lo extranjero. En ello reside un matiz fundamental del concepto mismo de lo malo: que aparece siempre en el lugar del Otro, siempre como idéntico a lo que no es nosotr@s, a lo extraño. Así, una persona infectada será juzgada en todo momento como alguien que se equivocó o que transgredió -antiguamente, que pecó-. Por tanto, también alguien que suele equivocarse, no cuidarse, será vivido potencialmente como fuente de infección de un enfermedad interpretada como invasión, castigo, censura o mal merecido.

Hasta aquí las representaciones, las principales fantasías inconscientes dominantes de la psique, que condicionan e incluso determinan tales vivencias y actos. Hay muchas metáforas más, particulares a cada enfermedad y singulares en cada persona. Tenerlas en cuenta es necesario y ético. Pero las marcas cardinales del sufrimiento y del apasionamiento que habrá que explorar, y por donde debemos dejarnos fluir y asociar -sin miedo a la propia verdad subjetiva-, son los significantes personales, las representaciones que en cada un@ hacen presente nuestra fragilidad y vulnerabilidad natural, la sombra de la muerte, la pérdida11¡Qué es arruinarse sino perder(se)!, y lo terrorífico del dolor. El miedo inconsciente a que el cuerpo, propio o ajeno, no sea más que cuerpo. El miedo inconsciente a no ser más que sombra y cenizas.

“La negación moderna de la muerte no explica por qué se miente tanto ni por qué uno desea que le mientan; no explica ni toca el pavor más hondo”.

Arnan Castelló

¡Hola! Me llamo Arnan Castelló y soy Psicólogo Sanitario y Psicoanalista, también con formación en psicoterapia clínica y terapia de pareja y familia, especializado en paternidad, maternidad y crianza, sexualidad, adolescencia, drogodependencias y conductas adictivas

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